La guerra es por tanto una institución legitimada por el Patriarcado en la medida en que está legitimado el desposeer a los otros, el extender los patrimonios, y revalorizar el Capital. Es decir, la guerra es inevitable en la sociedad de la realización de los patrimonios (Patriarcado).
Pero hoy en día, cuando hay que fingir que se desea la paz (ya no se puede afirmar como hacía Aristóteles que la guerra es un medio legítimo de adquirir), se trata de que parezca que la violencia y la guerra son inevitables y consustanciales a la propia “naturaleza” humana en lugar de consustanciales a la realización de los patrimonios y a la represión de la criaturas.(1)
- Rodrígañez, C. y Cachafeiro, A. (1995). La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente (308-309), Madrid: Nossa y Jara Editores. “Madre Tierra”. [↩]
