La rabia de Caín

Papá, Abel no podrá venir a cenar esta noche.

Esos juegos teóricos tenía dos vertientes: sólo funcionaban si el ser humano actuaba solo y si lo hacía movido por motivos de egoísmo, beneficio y satisfacción.En un mundo de personas aisladas, egoístas y perfectamente racionales era perfectamente sostenible crear un sistema que diera satisfacción a todos los jugadores manteniendo su libertad, movida tan sólo por el incentivo de la ambición personal. el equilibrio de Nash.
Los sabios se toparon sin embargo con un problema: la población civil tenía la atávica costumbre de tomar decisiones cooperativas (ya saben, el New Deal, los equipos de rugby, la familia o el orfeón Donostiarra) y de presentar comportamientos altruistas y sentimentales. Ante esa resistencia, la opción más sencilla para los sabios fue reprogramar a toda la población antes que desechar tan elegante modelo matemático.
En “Una mente maravillosa” se narra la vida de John Nash. Mientras se inventaba esa sociedad perfecta de individuos-número, los médicos descubrieron que Nash era un enfermo grave de esquizofrenia paranoide.
No sé si lo encontraréis tan irónico como yo: un paranoico diseñó el paradigma intelectual que ha regido Occidente en los últimos treinta años, contagiándonos a todos poco a poco, a través de sus impávidas ecuaciones, una irremediable paranoia.(1)

------------------------------------
  1. Baños Boncompain, Antonio (2009). La economía no existe (129-133), Barcelona: Los libros del lince. []


Dedicada a mi colega fotógrafo Jean Patrick, que le gusta mucho esta foto.


No puedo parar,
no puedo,
no puedo,
no puedo parar,
no puedo parar.
1, 2, 3,
los que hagan falta.


Ojalá no fuera una fiesta.