La rabia de Caín

Papá, Abel no podrá venir a cenar esta noche.

Categoría: Palabra

Esos juegos teóricos tenía dos vertientes: sólo funcionaban si el ser humano actuaba solo y si lo hacía movido por motivos de egoísmo, beneficio y satisfacción.En un mundo de personas aisladas, egoístas y perfectamente racionales era perfectamente sostenible crear un sistema que diera satisfacción a todos los jugadores manteniendo su libertad, movida tan sólo por el incentivo de la ambición personal. el equilibrio de Nash.
Los sabios se toparon sin embargo con un problema: la población civil tenía la atávica costumbre de tomar decisiones cooperativas (ya saben, el New Deal, los equipos de rugby, la familia o el orfeón Donostiarra) y de presentar comportamientos altruistas y sentimentales. Ante esa resistencia, la opción más sencilla para los sabios fue reprogramar a toda la población antes que desechar tan elegante modelo matemático.
En “Una mente maravillosa” se narra la vida de John Nash. Mientras se inventaba esa sociedad perfecta de individuos-número, los médicos descubrieron que Nash era un enfermo grave de esquizofrenia paranoide.
No sé si lo encontraréis tan irónico como yo: un paranoico diseñó el paradigma intelectual que ha regido Occidente en los últimos treinta años, contagiándonos a todos poco a poco, a través de sus impávidas ecuaciones, una irremediable paranoia.(1)

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  1. Baños Boncompain, Antonio (2009). La economía no existe (129-133), Barcelona: Los libros del lince. []

Me cago en vuestra puta madre!!!
Cabrones de mierda.
Os deseo, y no es broma, una muerte lenta y dolorosa.
Abandonad esta vida, por favor.

La escena está a oscuras hasta que empieza a sonar un despertador que alguien apaga. poco a poco se va iluminando la escena y se puede adivinar el garaje. En un lado una persona sentada sobre una silla y más o menos cerca dos hombres acostados en el suelo. Vuelve a sonar el despertador que apaga uno de los hombres acostados en el suelo. La escena se ilumina totalmente. Se puede apreciar completamente al hombre sentado en la silla: está dormido con los brazos atados por detrás de la silla, descamisado . Vuelve a sonar el despertador y uno de los hombres se levanta enfurecido, en calzoncillos, y le pega una patada al despertador que sale disparado y se hace trizas contra una de las paredes.

Cabecilla
¡Os detesto! Me cago en… Joder… Vuestra existencia es un atentado contra la naturaleza humana. ¿Por qué tuvieron que inventaros?
(Poniéndose una camiseta y dándole una patadita al otro hombre que sigue acostado)
Arriba compañero, hay mucho trabajo que hacer hoy.
Ayudante
¿Qué hora es?
Cabecilla
La misma que ayer a esta hora. (ríe)
Ayudante
Cinco minutos más.
Cabecilla
¿Te haces el remolón?
(Coge una lata y un palo y se acerca al hombre de la silla. Golpeando la lata cerca de su cabeza. Es tal el ruido que el hombre se despierta de un sobresalto al igual que el “ayudante”)
Buenos días tenga el señor. ¿Cómo se ha despertado hoy? ¿Ha dormido bien? ¿le apetece un café?
Secuestrado
¿Un café? No… no. Tengo sed.
Cabecilla
¿Tiene sed? Vaya, pues va a tener suerte el señor.
(Acerca una silla y se sube en ella, justo al lado del secuestrado. Se saca el pene y empieza a orinarle sobre la cabeza).
¿Os sabéis este?:
Today is a good day to die
To die is a good day today.
(ríe) Es buenísimo.
To die today is a good day.
is a good day today to die.
is today to die a good day.
to die is today a good day. (ríe)
(dirigiéndose al ayudante) Y tú qué, una meadita, ¿no?
Ayudante
No, es que no tengo muchas ganas…
Cabecilla
Vamos hombre, hazlo por él. Está sediento.
(sube al ayudante en la silla y le saca el pene)
Venga, concéntrate. Concéntrate en un gran rio. El amazonas. Imagínate: 6.756 km de longitud, 230.000 metros cúbicos por segundo que desembocan en el océano atlántico…
Ayudante
(Que sólo ha podido expulsar unas gotillas)
Te lo dije, no tengo muchas ganas.
Cabecilla
(al secuestrado)
¿Está el señor saciado?
Secuestrado
(le escupe algo de orina en la cara)
Cabecilla
Mira el señorito, se ha levantado rebelde.
Silencio. Se acerca a la salida de agua y llena un cubo, se lava la cara y después va a ponerse unos pantalones. el ayudante se dirige a la “cocina” y de un termo echa café en un par de tazas. Una se la da al cabecilla
Ayudante
Sin azúcar ¿no?
Cabecilla
Como debe ser. (le da un sorbo al café) Vaya por Dios. (dirigiéndose al secuestrado) Tenemos un grave problema contigo. Y no me mires así. Te tuteo porque lo tuyo ya no tiene nombre. ¿qué más quieres hacer con nosotros? ¿eh? Dilo. (pausa) ¡El café frío! Claro, como no te sale de los cojones hablar …. joder. (silencio)
Y me pregunto, pero no sólo hoy, ¿eh?, no, siempre, me pregunto: ¿quién será el imbécil que podrá tomarse el café frío? (pausa. Al ayudante) ¿tú podrías?
Ayudante
Ni hablar. Siempre caliente, sin leche y sin azúcar. Alguna vez lo he tenido que tomar frío porque llegaba tarde al curro, pero eso sí, tapándome la nariz.
Cabecilla
El café frío es diametralmente opuesto al hecho mismo de tomar café; el ritual, el olor, la pausa. Se puede entender el echarle leche, e incluso azúcar. Puede pasar. Pero vamos, siempre caliente.
(Pausa. Al secuestrado) Me has jodido bien, cabrón. Pero claro a tí te da igual. Para tí ya no es lo mismo, ha perdido la magia; todos los días, a la misma hora y en la misma taza.
Ayudante
Para eso podrías meterte una rayita. Es mucho más efectivo.
Secuestrado
Tengo sed.
Cabecilla
(Al ayudante) Trae el cubo. Vamos a darle un poco de agua y a lavarle la carita que está hecho un asco.
El ayudante trae el cubo donde antes se había lavado el cabecilla. Lo coloca delante del secuestrado y el cabecilla mete la cabeza del hombre en el agua
Cabecilla
Yo no termino de entenderlo. En estos tiempos, que corren, el placer de las pequeñas cosas, del detalle, simplemente pasan. Sin darle importancia.
(Saca la cabeza del secuestrado) ¿Un poco más? (la vuelve a meter)
Ayudante
¿Alguna vez has mirado fijamente a los ojos de una ardilla?
Cabecilla
Siempre que veo una (Le saca la cabeza y la vuelve a meter)
Ayudante
Es como el juego de aguantar la mirada. La sorprendes justo en el momento que roe una nuez y te clava la mirada. Y si no te vas te hace ruidos (hace ruidos de ardilla enfadada)
Cabecilla
A mí me dan miedo. (Saca la cabeza del secuestrado y la vuelve a meter)
Ayudante
Pues increíblemente hay gente que pasa al lado de una y no le presta la más mínima atención. Como si no existiera. Y lo mismo pasa con los erizos o los zorros. Pero eso sí, cuando van al zoológico les hacen fotos. ¡No te jode! Les hacen fotos cuando están presas, pero no cuando están libres en el parque.
Cabecilla
(Sacando definitivamente la cabeza del secuestrado)
Lo que yo te diga, este mundo está podrido.
Secuestrado
(Reponiéndose) ¡Hijos de puta!
El cabecilla y el ayudante lo miran. Silencio

Lo tuyo es puto teatro

Entre la indignación y la duda. Así me he quedado después de leer el Premio Born de teatro del 2008.
Empiezo y tengo que dejarlo a los 15 minutos porque me aburre. Lo retomo una hora después “por si acaso”; lo vuelvo a dejar, no hay manera. Al cabo de un rato leo un artículo en Primer Acto sobre la obra que no escatima en halagos: “que si un lenguaje contemporáneo”, “que si te atrapa con los cinco sentidos”, “que si una estructura…”, bla, bla, bla…
Me lo he acabado “por cojones”; no podía ser. Quizás estaba desconcentrado o algo así.
Nada. Aburrimiento total. Palabrería. Mentira.
¿Será que ya no me gusta el teatro? Porque me ha pasado con todas las obras que he leído últimamente.
A decir verdad no me ha pasado con todas. En el mismo número donde aparece esta obra mencionada venía una parte de “La casa de la fuerza” de Angélica Liddell. Las últimas escenas; emocionado hasta la médula. Y en concreto una escena: “Pongo mi espíritu” me ha estremecido. Un extracto:
Los hombres duros tienen el poder
Pero yo, mujer, tengo el asco por los hombres
Vuestra tiranía es vuestra vulgaridad.
Sí, yo, mujer, tengo el asco por los hombres….
…Mis hijos serán hombres buenos que no sirvan para nada.
Y de ese modo, vosotros, hombres fuertes
Tan ansiosos de reglas y disciplina
Gordos de mentiras y promesas incumplidas
Apestados por la ambición
Ventosas arrogantes
Vosotros Que cuanto más atormentáis a aquellas que os aman
Más defendéis vuestra inocencia….

Yeah.
Y pienso que quizás ya no me gusta el teatro. O será que no me gusta la mentira, el hablar por hablar, el buscar temas “contemporáneos” con demasiada palabrería y muy poca verdad.
Y pienso que por eso he dejado de escribir; porque no tengo nada que contar. Y después de leer mentiras me vuelven las ganas de seguir con mis textos inacabados.

P.D: Y lo de los textos de la Liddell me enlaza con el post que comentábamos hace unos días en LVAD; el sufrimiento existe, es humano, y para ser artista hay que ser muy muy humano.
P.DII: Podéis echar un vistazo a su Blog en esta dirección: http://miputaperrera.blogspot.com/

Comencé a habituarme a no juzgar personalmente, sino a sólo asentir a los juicios de los demás. Me acostumbré a no apreciar las cosas por mí mismo sino a apreciar nada más que las cosas “buenas”; lo que los demás consideraban bueno me gustaba también a mí, y lo que los otros no estimaban bueno, tampoco encontraba mi aprobación. Leía “buenos libros” y me gustaban porque sabía que eran “buenos”; escuchaba “buena música” y me gustaba por la misma razón. Pero los demás determinaban qué era “bueno”; nunca yo mismo.

En ese entonces yo no emitía opiniones, no tenía preferencias personales ni gustos individuales; al contrario, seguía en todo la única opinión saludable: la de los otros, la de ese comité de personas cuyas opiniones yo reconocía y que representaban a la opinión pública, ya que sabían qué era correcto y qué equivocado. Y cada vez que yo creía haber alcanzado también el nivel de ese comité imaginario me alegraba y me sentía orgulloso.(1)

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  1. Zorn, Fritz (1977). Bajo el signo de Marte (53…55), Barcelona: Editorial Anagrama. []